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  Los orígenes de San Vicente
                                             

    La historia del pueblo de San Vicente debe remontarse hasta 1696, cuando D. Luis Pesoa y Figueroa, miembro del cabildo de Buenos Aires  y rico comerciante vinculado al transporte de mulas para el alto Perú, compra una estancia en el pago de la Magdalena de legua por legua y media de extensión que tenia por centro la laguna del Ojo.
   
A su muerte recibe la heredad su hijo natural Antonio. A mediados del siglo XVIII  el sacerdote Vicente Pesoa, nieto de Luis, edifica una capilla en la margen norte de la laguna -que para entonces ya era conocida como laguna de la Reducción-, y que pone bajo la advocación de San Vicente Ferrer. Poco a poco se va formando un pequeño poblado en sus alrededores y que daría nacimiento al pueblo de San Vicente.
    En 1780 se crea el curato de San Vicente de la Reducción y la capilla fundada por Vicente Pesoa se convierte en parroquia.
    Hasta que en 1784 se crea el partido de San Vicente de muy vastas dimensiones y se nombra “un alcalde de la hermandad
    El lugar donde se erigió primigéniamente el pueblo era bajo y pantanoso, hasta que en 1825 hay un intento de traslado que no prospera por las malas condiciones económicas de la época.
    El disperso caserío  reunía al promediar el siglo XIX unas mil almas incluidas las que residían en las chacras y quintas.
    Hacia finales de la década de 1840 se intensifica la cría de ganado bovino en la provincia y San Vicente no es ajeno a ello convirtiéndose a poco en uno de los mayores productores de la zona, para 1854 el partido de San Vicente contaba con 558.000 cabezas, bastante mas que las de los partidos vecinos, ya que Cañuelas  tenia 413.340, Ranchos 390.600, Lobos 325.982 y Chascomùs 270.887 que eran los mayores productores de la zona.
    Este auge en la producción ganadera trajo aparejado un aumento considerable en la población rural y una menor extensión en los campos.
    En los limites entre el partido de San Vicente y Quilmes se encontraba el antiguo camino a Chascomùs  -hoy ruta provincial 53- donde se habían establecido un gran número de ovejeros extranjeros, particularmente escoceses, quienes en 1854 erigen una capilla presbiteriana escocesa a la vera del citado camino y que ponen bajo la tutela de San Juan -Saint John-.
    El mayor impulsor del proyecto fue Jorge Mc Faguhar y el 27 marzo de 1854 se coloca la piedra fundamental con la asistencia del entonces gobernador Pastor obligado y los jueces de paz de San Vicente y Quilmes. Al año siguiente se inaugura una hermosa capilla de estilo gótico diseñada por el arquitecto Eduardo Taylor.

                                                     
                                           
    Traslado del pueblo

En 1854 más precisamente el 21 de julio el juez de paz de San Vicente, José Vidal, solicita al gobierno el traslado del pueblo argumentando que “por la majísima situación que tiene, rodeado de bañados, jamás podrá prosperar”.
    En todo de acuerdo con la comisión municipal, habían buscado una nueva ubicación para el poblado, creyendo encontrarla en tierras de Francisco Burzaco casi en el límite con Quilmes y muy cerca de la capilla escocesa que se estaba construyendo.
    El departamento topográfico en su informe sostiene, que el traslado es necesario dado que “la laguna y el bañado que la circunda, disminuye gradualmente la angosta zona del terreno habitable que le sirve de planta”, con tal motivo se comisiona al agrimensor Jaime Arrufò para que proponga el nuevo trazado del pueblo. El dueño de la tierra protesta ante la expropiación, pero la misma igual se ejecuta de acuerdo al artículo 168 de la nueva constitución recientemente promulgada.     El gobierno aprueba la traza de Arrufò y encomienda al agrimensor Teodoro Schuster la medición  del terreno.
      Vecinos descontentos por el propuesto traslado se presentan ante el gobierno el 28 de febrero de 1855 solicitando la suspensión del mismo, aduciendo que si el pueblo no había prosperado donde estaba, menos lo haría
en los terrenos propuestos para la mudanza.
    Ante esto el juez de paz y la comisión municipal protestan por escrito, aduciendo anormalidades, ya que según ellos, muchos de los que aparecen como firmantes en el documento presentado por los vecinos son jornaleros sin domicilio fijo en el pueblo.
    Nuevamente el 12 de abril los vecinos se dirigen al gobierno quejándose de que le juez de paz no vela por los intereses del pueblo y piden que San Vicente “no sea arrancado a otro punto” y que el juez de ejerza sus funciones en el mismo pueblo, como cabeza de partido y que el archivo permanezca en él. Por este motivo Vidal presenta la renuncia y es reemplazado por Manuel Fernández.
    El 18 de mayo los vecinos vuelven a presentar una queja formal ante el gobierno, solicitando la separación del nuevo juez de sus funciones, calificándolo de negligente e incapaz y que sea reemplazado por otro que resida en el pueblo y que mantenga el archivo en este. El 13 de julio reiteran el pedido.
    El juez de paz se defiende argumentando que mantiene el archivo en su estancia porque no puede descuidar la administración de esta y que en “el pueblito” no hay nadie  para atenderlo y que el solo puede ir hasta San Vicente una o dos veces por mes.
    Ante esta situación el gobierno suspende el traslado.
    Después de un año de idas y vueltas el asunto seguía sin resolverse. El diario “El Nacional” en una extensa nota describe la situación en los siguientes términos:
     “A diez leguas al sur de Buenos Aires, esta situado el pueblo de San Vicente, villorio o caserío desordenado, sin calles determinadas, con una población de muchas almas, algunas casas de cierto valor y varios establecimientos de comercio que hacen un trafico bastante activo […] Esta población está en el camino que recorren las mensajerìas y es susceptible de incremento si se ponen en orden algunas cosas. Desgraciadamente se ha suscitado un litigio, con motivo de remover a la población a varias leguas de distancia hacia el este. Empeñabase en esto el juez de paz actual, que no reside en San Vicente sino en una estancia cerca del lugar designado, y algunos estancieros de los alrededores […] Una presentación firmada por ciento y mas vecinos resistió la traslación. Alegando perjuicios. Otro de los con que tocan aquellas gentes es la residencia del juez de paz y de su sustituto fuera del recinto de la población, a algunas leguas de distancia, donde están los papeles que forman el archivo y donde es necesario hacer un viaje formal para cada tramitación administrativa. […] No nos parece cosa de hacer a un lado la circunstancia de existir un legado de tierras, con expresa designación para fomento de un pueblo […] El gobierno debiera disponer lo conveniente para que esas tierras sean vendidas en lotes de cultivo y su valor conservado en depósito para la fábrica de la capilla de San Vicente y sostén del culto. Nada hay que retarde mas el progreso de nuestras poblaciones de campaña que esa ambigüedad e incertidumbre en los títulos de posesión de la tierra”.

   
Con el fin de zanjar la cuestión el gobierno nombra una comisión “ad Hoc”, integrada por personas que no pertenecen al partido, para que reunida en el lugar informe si es necesario o no el traslado del pueblo a otro lugar y si esto fuera afirmativo si el lugar elegido es el más conveniente o habría que buscar otro. La comisión estaba integrada por Jose Iraola, Evaristo Alfano, Carlos E. Pellegrini, Francisco Lalama, Juan de Olivares, Manuel Carranza, Mariano Cebey, Juan Francisco Farràn y Manuel Guerrico quien la presidía.
    Nuevamente la comisión municipal con el juez de paz a la cabeza se dirigen al gobierno lamentándose por los problemas ocasionados por el traslado del pueblo a las tierras de Burzaco, así como no creen necesario trasladar el archivo porque según dicen. “El juzgado en cualquier punto que se establezca, ser acomodo para los que estén cerca e incomodo para los que no lo están”. Además dicen en el pueblo “no puede vivir ni el cura porque no tiene que comer”.
    El 15 de diciembre de 1855 se informaba al gobernador que la comisión había presentado el siguiente informe:
    “Habiendo procedido al examen de la localidad que ocupa esa población, han convenido unánimemente en que es la peor pues en ella jamás podrá aumentarse eses pueblo. Que el terreno en que ha sido trazada la nueva planta, perteneciente al Sr. Burzaco no es más aventajado y que en general el terreno que ocupa el pueblo de San Vicente es completamente bajo. Que en consideración a las ningunas ventajas que ofrece el traslado de ellas a una distancia de tres leguas fue el motivo por el cual creyó conveniente aconsejar al gobierno desistir de colocarlo en ese lugar. Que para terminar y allanar todas las dificultades y consultando las conveniencias del vecindario, procedió al reconocimiento del terreno que se encuentra al sur de esa población y encuentra que en él  puede muy bien establecerse un pueblo que sirva de centro al partido de San Vicente. Que la inmediación en que queda la población hace breve y fácil su traslación, siempre que el gobierno ordene a la comisión topográfica la traza del nuevo pueblo, dando ejemplo por empezar a construir el templo y demás obras publicas. Que el terreno designado por la comisión es de propiedad publica y lo es todo lo que se encuentra en un radio de tres cuartos de legua y que por lo tanto seria conveniente deslindar ese terreno y subdividirlo en suerte de chacras y quintas después del trazado del pueblo, para la comisión encargada de la distribución llame a las familias que deban ocuparlas”.
    Apoyándose en este informe el gobierno provincial dictamina lo siguiente: “El actual pueblo de San Vicente debe ser removido del lugar que hoy ocupa; y que esa traslación debe hacerse no al punto que había sido antes elegido sino al que hoy designa la comisión, sito a corta distancia del pueblo actual, hacia el sur, sobre la laguna, en campo de propiedad publica” Y ordena al departamento topográfico la delineación del pueblo, en la parte sur de la laguna, tarea que ejecuta el Agr. Saturnino Salas. Y nombra al sargento mayor de ingenieros Ludovico D’Horbourg para que “proceda a trasladarlo al     terreno, mensurado y amojonado o marcado con ángulos de las manzanas del pueblo, a fin de que la autoridad local pueda enseguida practicar la delineación de los solares que vaya distribuyendo […] teniendo presente en ella las preferencias… a favor de los vecinos del actual pueblo”.
    A poco de iniciarse los trabajos el juez de paz local se quejara ante el gobierno de que estos van lentos, para colmo de males, el ingeniero encargado de la tarea debió volver a la Capital dejando encargado a su ayudante, “mas este individuo -dirá el juez en su informe- en vez de cumplir con su deber no hace mas que entretener el tiempo y ocuparse de vicios degradantes, con los cuales desmoraliza a los peones que tiene a su cargo […]. Una obra que se podría hacerse en 15 días no se concluirá quizás ni en tres meses, perdiéndose de este modo los meses mas preciosos para hacer edificios”.
    D’Horbourg debió modificar los planos trazados por Salas, ya que las chacras se encimaban con las propiedades particulares. A pesar de dichas modificaciones, la municipalidad le encuentra serias fallas, por lo que encomienda al Agr. Aquiles Lamolinaire la confección de un nuevo plano.
   
                                       
                                    
Creación de la municipalidad

    Al promediar el siglo XIX el partido de San Vicente se extendía -según informe del juez de paz- “desde las Lomas de Zamora hasta tres leguas mas allá del samborombon, muy cerca de la posta conocida por el almacén de Shutton y desde Las Conchitas, partido de Quilmes, corría hasta el otro lado de la posta conocida por Los Manantiales, confinando con el partido de la Guardia del Monte y desde allí describía una extensa línea desde el partido de la Ensenada hasta el de Cañuelas, abrazando una jurisdicción que no bajaba de 150 leguas”
    El domingo 27 de enero de 1856 se instalan las municipalidades en la campaña, y para proveer los cargos se aprueban las elecciones realizadas el 11 de marzo del año anterior. Para ocupar el puesto de juez de paz debe realizarse una nueva elección dada la renuncia de Vidal. En su remplazo es elegido Lorenzo Escola.
    Aunque esto no contribuye al disminuir el enfrentamiento entre los dos grupos antagónicos, y es así, que el 15 de abril de 1856 el que lideran los estancieros, solicita al gobierno se suspenda el traslado del pueblo, pues el terreno elegido es de naturaleza idéntica al del pueblo viejo, mientras que el que ellos proponen es de calidad superior, a mas de estar próximo al camino al sur, muy transitado. Añadían que quienes se propusieron poblar los solares y las chacras en el pueblo nuevo las abandonaban desencantados.
    Casi al mismo tiempo, el juez de paz comunica al gobierno, que ha comenzado una suscripción entre los vecinos, a fin de recaudar fondos para la construcción de los edificios públicos, y eleva simultáneamente una lista con los nombres de los que han solicitado solares, chacras y quintas.
     Ante el cariz que toman los acontecimientos, el gobierno nuevamente consulta a la comisión que primigèniamente había inspeccionado el terreno, quienes ratifican su informe, añadiendo que “Si alguno de los señores (estancieros) ofreciese un terreno adecuado y necesario para formar un pueblo, el gobierno debiera aceptarlo y mandar que se trazase inmediatamente, para satisfacer los anhelos de un vecindario que anhela tener un centro de cultura y civilización”.
    En tanto los vecinos hacen oír su voz, informando de los adelantos logrados, “a pesar de las trabas opuestas por hombres cuya influencia deriva de la administración pasada”. “El pueblo -dicen- a traído a su seno a un numero de pobladores cuatro veces mayor que el que cuenta el pueblo viejo,  vecinos  de lejana distancia, vecinos de otros partidos y hasta […] de la capital trabajan o tienen solicitados solares para venir a establecerse”.
    Al fin los vecinos mas expeditivos que los estancieros, envían el 25 de diciembre de 1856 una carta al diario “el Nacional”, dando cuenta de los adelantos logrados ese año.
    “Se esta construyendo una obra publica destinada para casa municipal y juzgado, la cual cuenta con seis espaciosas habitaciones de material con techo de azotea, con una hermosa portada y cuatro ventanas de reja a la calle. Se han construido en el pueblo, en el rigor del invierno, doce casas de material, no habiéndose construido otras por falta de material. Se han hecho igualmente seis ranchos de quincho. Se han poblado 45 quintas, habiéndose terminado en días varias casas de material y 152 chacras con ranchos de material y quincho. Se han establecido cuatro hornos de ladrillos […] una panadería que trabaja 2000 pesos de pan máquina diarios, una carnicería, dos carpinterías, una herrería, 3 zapaterías, una fonda, un billar, una sastrería y una modista…”
    El 30 de abril de 1857 el  Agr. Lamolinaire presenta al gobierno el plano del nuevo pueblo de San Vicente, que la comisión municipal le había encargado en marzo de 1856. En el informe que lo acompañaba decía. Que el pueblo había sido delineado en el terreno más alto y a corta distancia de la gran laguna, fuente para los vecinos de utilidad y recreo, sin desviarse de los puntos cardinales prefijados por el gobierno.
    Las manzanas eran cuadradas y tenían una extensión de 100 varas en las cuadras con frente al NE y SO y de 140 en las que hacen frente NO y SE.
    Lo compongan 83 manzanas en cuyo centro se hallaba la plaza principal. En cada ángulo extremo, había una plaza destinada a recibir a las carretas que venían de puntos afuera.
    En torno a la plaza principal, dando frente al SO esta levantado el edificio municipal y juzgado y la iglesia, guardando paralelo, esta situada al NE.
    Las calles principales que desembocan sobre la plaza, tienen un ancho de 30 varas y de 20 las demás.
    Las quintas siguen el mismo lineamiento que el pueblo, salvo las interdicciones de propiedades ya particulares, de la laguna, del arroyo, etc, lo que determina algunas propiedades irregulares.
    El costado NE se halla atravesado por el camino principal que va al sur, cortando algunas quintas. Aquí se tuvo presente una consideración valorable: a los caminos es preciso dejarlos llevar respetuosamente sus giros; y ellos van buscando siempre las lomas y eminencias para evitar los bajíos, que prontamente se convierten en pantanos.
    En armonía con la delineación del pueblo y las quintas, se ha hecho la de chacras. El crecido número de solicitantes de estas, obligo a extender el ejido hacia el NE, cambiando entonces el rumbo.
    Con la aprobación de la traza y las obras llevadas a cabo en San Vicente, el gobierno resuelve la cuestión en favor de los vecinos, dando así por concluido el largo pleito.
    Finalmente el traslado se concreta, lo que da nacimiento a la actual ciudad de San Vicente, pujante y progresista, a pesar de la distancia a los centros de poder y riqueza.
    La presente información fue extraída del cuaderno de investigación  Nº 1, elaborado por la Dirección de Cultura y actividades educativas de la Municipalidad de San Vicente, en enero de 1996.
  En 1522, en la población italiana de Bicoca, el emperador Carlos V obtuvo una victoria tan fácil contra las huestes del rey Francisco I de Francia, que la palabra “bicoca”, paso a engrosar los diccionarios españoles como algo de fácil obtención y poco valor.